martes, 14 de agosto de 2012

martes, 17 de abril de 2012

Peligro de muerte!!!


Hay que salir a salvar vidas!
Ya mismo!
Una dama puede estar agonizando en este momento y quizás ni lo sabe!!!!

martes, 10 de abril de 2012

Cazadores de féminas



Yo creído que había tenido una genial idea cuando posteé tiempo atrás, y resulta que la misma idea la tuvieron tipos como Richard Wagner, y muchos cientos de años antes que él.
Dos comprobaciones:
  • la primera, ya está todo inventado, no hay caso, uno se esfuerza pero ya alguien llegó antes
  • la segunda: tan mala idea no sería, mi problema es que me tocó nacer 600 años tarde

Yendo al grano, seguí con mis investigaciones y ha resultado que eso de tratar de dar con estas interesantes Damas es casi que una forma de vida para unos fulanos que se hacen llamar Hijos de Tannhauser.

Según parece algunos de ellos han dado en el clavo, y se la han pasado fenomenalmente bien.
Así que no pierdo las esperanzas de encontrarme con alguna de estas Hijas de Venus a la vuelta de la esquina.

martes, 6 de marzo de 2012

Féminas Secretas


Lei un articulo espectacular sobre un grupo que es algo así como una sociedad secreta que se llama "Damas Blancas" que me dejó fascinado.
Lo que no dice es cómo hace un pobre mortal como yo para dar con alguna integrante de esta fabuloso grupo de féminas. Si puede ser con más de una, mucho mejor.

martes, 28 de febrero de 2012

Me acordé de tí


Fito & Fitipaldis hacen "Me acordé de tí", desde el álbum "Antes de que cuente diez".
Temón.

jueves, 26 de enero de 2012

Hablemos de rock, o casi

Qué ocurre cuando tomamos un buen artículo y lo traducimos al inglés con el traductor de Google, y luego con el mismo traductor lo devolvemos al español ?
Una tragedia. Las puebas a la vista:

Es típico en los últimos cinco años, que está comprando menos música de España e incluso un gran festival de la canción: los Sex Pistols, primero trajeron a la península, puso en el camino, la publicación de libros de la roca nativa ha aumentado significativamente. Por un lado, es necesario un enfoque de mercado, el anglosajón, que ha pasado décadas contextualizar música del siglo XX más convulsivo, e incluso aventurarse a predecir, escribiendo desde las trincheras, como las bombas (de la contracultura punk grunge ...) se produjo. Y todavía lo hace. Obviamente, este intento de llegar a un mercado que nos lleva tantos años por delante, también significa más cerca de sus males, es decir, el exceso de público en un género, la literatura rock, que más allá de las autobiografías de Keith Richards estilo vacas sagradas, tanto a los impactos comerciales . Desde la publicación de libros como Weberman o cualquier otra chica que tenía cinco minutos con Elvis Presley, el concepto ha sido validado todo vale si el protagonista a tratar es famosa. Amen a todo lo que es transferible a cualquier otro género literario, la publicación de un libro como un objetivo vital para hacer juntos para criar y plantar un árbol.

Desde el primer disco que acaba de plaga en este país, pero seguro que hay ejemplos por ahí para confirmar. Supongo que es porque la roca aquí no es el alimento para los tabloides, libros dedicados exclusivamente a otros clubes de interés público musical, como el universo de las estrellas o los cantantes que tienen su base en Miami. A partir del segundo tenemos varios ejemplos, y más del sesenta por ciento de los libros publicados por la roca de la española, siguen siendo un corte simbólico y pegar, más como un stand de recogida, lo que significa que un artista de un análisis riguroso o género tratado de rock . El exceso de piel que se puede remontar a granel en las redes de blogs en la red (con algunas excepciones momentos agradables). Este formato es útil para una primera aproximación, o adolescente, pero no si lo que se busca es profundizar. Guías y más pruebas, pero, obviamente, hay guías y guías, no todos son desechables, hay excepciones vale la pena. Por todo lo escrito hasta ahora, creo que en la publicación de Global Rhythm tan estrictas como casi todos los libros publicados por autores españoles, mientras que otros menos conocidos, publicado excelsa. El problema es la saturación del mercado (también sepultado en el olvido las obras de los valores en circulación), en lugar de las reclamaciones de los autores. Normalmente, su sueño es ser capaz de enseñar a sus futuros nietos un libro publicado en su nombre, que es totalmente legítimo.

También dicen que en función de los artistas, es difícil de escribir. Hay ciertos tótems, como los Beatles o Dylan, que ha escrito todo y todas las formas posibles, por lo que encontrar un punto de partida diferente parece casi imposible, a menos que el estudio a nivel local se señaló en el camino de los Beatles en España, español delicias árabes que Dylan trató de gira sin fin, y así sucesivamente. y así sucesivamente. Y el estilo, por supuesto. La importancia del envase y el contenido. Hay libros que ofrecen diferentes perspectivas, y por esa razón y de validar la compra. Otros, sin embargo, incluso más de lo mismo, al menos, no afectan la visión y lectura agradable, porque los autores. La suya sería la de combinar los dos mundos. Consagrados en los periodistas de rock de escribir bien, hay unos pocos: Diego Manrique, Jaime Gonzalo, Ignacio Julia, César Martín, Jordi Meya, Bruno Galindo ... Casi todos ellos han publicado libros de interés. Hacia adelante y hacia atrás se pueden editar en el futuro grandes cosas también, pero no menciona los nombres con una sola excepción, sobre todo porque me gusta jugar a las profecías mayas y porque, de tener amigos en el negocio, no me hizo que la II han mejores habilidades. Lo único que puedo mencionar es Luis Boullosa de Ruta66, con la que nunca he hablado por correo, mar o aire.

Creo que por ahora lo que he escrito lo suficiente, y los siguientes capítulos de esta saga, voy a seguir hablando de ello. Próximamente: escribir en contra de grupos extranjeros. escribir los grupos españoles, y Gay Rock: Haro Ibars, cuando la escritura fue la roca valiente.

martes, 10 de enero de 2012

Crítica iconoclasta de las modas

Martin Jay es uno de los mayores especialistas en historia intelectual europea de los Estados Unidos y quizás el más importante estudioso actual de la Escuela de Frankfurt. Su tesis doctoral para Harvard ("La imaginación dialéctica", 1973) fue una memoria muy completa de esa célebre escuela con un prólogo de Max Horkheimer. Alumno brillante, pronto asimiló la lección de la Teoría Crítica: desconfiar de los sistemas cerrados y pensar contra las propias certezas. Lo demostró varias veces, como cuando se animó a decir que los frankfurtianos habían sido "mitificados" por el movimiento del 68. O cuando en 1993 publicó su libro más ambicioso, "Downcast eyes" (podría traducirse como "Caída de ojos"), documentada investigación que analiza la productividad, pero también las contradicciones, del discurso crítico que el pensamiento francés del siglo XX —de Sartre a Merleau-Ponty; de Levinas a Lacan y Guy Debord— elaboró contra la centralidad de la visión en Occidente. El mismo procedimiento —hacer un estudio insobornable sobre el pensamiento más resonante de su tiempo— utiliza ahora en su trabajo sobre el discurso de la experiencia en la teoría del siglo XX. Otro de sus títulos es "Force Fields".

sábado, 7 de enero de 2012

El mito de la vivencia auténtica

ENTREVISTA CON MARTIN JAY

¿Aún es posible tener experiencias genuinas? el historiador estadounidense, invitado al país por la Universidad de Quilmes, afirma que todavía existe una dimensión colectiva de la subjetividad.

Es la nuestra, se dice, una época de crisis: crisis del sujeto, crisis de los grandes relatos, crisis de la cultura, pero fundamentalmente, crisis de la experiencia. Para el historiador Martin Jay, la cosa no es tan sencilla. En una investigación que viene realizando en la Universidad de California, Berkeley, analiza la obra de pensadores tan disímiles como Georg Simmel, Ernst Jünger, Theodor Adorno, Raymond Williams y Michel Foucault, quienes desde principios de siglo han coincidido en que un signo de los tiempos es la pobreza de experiencias auténticas. No eran los únicos: ya en 1933 Walter Benjamin señalaba como símbolo de ese proceso la Primera Guerra, de cuyos campos de batalla los soldados habían regresado "enmudecidos: no más ricos sino más pobres en experiencias compartibles". Y medio siglo después, el italiano Giorgio Agamben escribía en Infancia e historia: "En la actualidad, cualquier discurso sobre la experiencia debe partir de la constatación de que ya no es algo realizable".

Pese a semejante consenso, Jay prefiere sospechar de la manía del epitafio. En diálogo con Cultura, el autor de La imaginación dialéctica y uno de los mayores especialistas en pensamiento europeo del siglo XX, despliega algunos ejes de su trabajo "La crisis del concepto de experiencia", que presentará el lunes 12 en el Instituto Goethe de Buenos Aires. Así, critica la perspectiva "maximalista" de autores como Agamben y reflexiona sobre cómo el ataque del 11 de setiembre obligará a repensar los lugares comunes sobre la "virtualidad" y "desmaterialización" de la vida cotidiana por las nuevas tecnologías.

—¿Qué se entiende tradicionalmente por "crisis de la experiencia"?

—Para contestar esto debo ir un poco más atrás, hacia la idea de "experiencia", para luego hablar de su crisis. Primero hay que decir que los diversos autores que han hablado de esa crisis no compartían la misma noción de experiencia. Adorno y Benjamin, por ejemplo, entendían por experiencia una serie de hechos y vivencias que, a su criterio, habían dejado de darse en el mundo moderno. Por ejemplo, la capacidad de los individuos de habitar un contexto de sentido, que les daba a sus vidas una significación colectiva transgeneracional. Tener una experiencia, para ellos, no se reducía a la experiencia sensorial, ni a algo subjetivo e interno como la "experiencia interior" de la que hablaba Georges Bataille, sino que es una experiencia intersubjetiva y acumulativa. Así, ellos temían que en la modernidad la capacidad de experiencia se viera erosionada por acontecimientos como la manipulación de los individuos por la industria cultural o las tendencias disociativas de la vida en las grandes ciudades.

—Una de las voces más radicales que últimamente denunciaron la crisis de la experiencia es Giorgio Agamben. Afirma que hoy estamos imposibilitados de tener una experiencia auténtica en un mundo escindido y lleno de mediaciones. ¿Qué opina de ese análisis?

—Creo que Agamben es el exponente de una posición que yo llamaría maximalista y quizás exagerada frente a la experiencia, a la que identifica con algo anterior a la caída en el lenguaje, algo pre-reflexivo y pre-discursivo. Ahora bien: si la experiencia es algo irreductible y previo al lenguaje, en definitiva termina siendo una ilusión fantasmática. Yo no acuerdo con una acepción tan utópica, porque nos lleva inevitablemente a una desilusión, a la sensación de impotencia. Para mí, experiencia implica un cierto modo de experimentar y aprender del error, de fortalecernos en la confrontación con obstáculos, en el contacto con otras personas y culturas. Es decir: un concepto menos utópico y más realista, que ve en ella la posibilidad de un desarrollo de lo humano sin depender de la ilusión de un sentido acabado.

—¿Por qué cree que el tópico del fin de la experiencia fue tan persistente y provocó tanta angustia a lo largo del siglo XX?

—Por las dificultades crecientes de la gente para sentirse en el mundo moderno como en casa; a lo largo del siglo todo fue tan rápido, los cambios tecnológicos fueron tan vertiginosos, las migraciones aumentaron de modo tan drástico que la gente siente que ya no puede procesar lo que le pasa, no puede saber qué constituye su verdadera experiencia, qué es lo significativo. Además, siente que la experiencia es más dramática que beneficiosa. Habría que empezar a pensar en la relación entre trauma y experiencia. El shock brutal de algo que no alcanza a ser procesado como experiencia y queda reducido a un indecible. Y por eso mismo se vuelve una fuerza muy poderosa en nuestras vidas.

—¿Pero no es justamente esa aceleración de la vida lo que desafía la posibilidad de hacer esa integración? Quiero decir: ¿no es precisamente de esto de lo que hablan quienes hablan del fin de la experiencia?

—Yo no digo que no haya un desafío a la experiencia tal como se la entendía hace 150 años, pero sostengo que esa crisis no es terminal. Creo que lo que necesitamos es construir nuevos modelos de experiencia que trasciendan la mirada nostálgica, el deseo de volver atrás. Necesitamos pensar modos de maximizar el potencial narrativo de las experiencias en contextos más inciertos. Y de hecho la gente lo hace: de manera más inestable, pero lo hace.

—Tras el atentado del 11 de setiembre, se ha dicho que la tesis de la desrealización de la experiencia fue desafiada por un "retorno de lo real" en el corazón mismo de los EE.UU. ¿Acuerda con este análisis?

—Es una observación muy adecuada. Hace tiempo algunos analistas culturales venían afirmando que todo era simulacro, que todo era representación, que todo ocurría a través de la distancia que fijaban los mass media. Esto fue puesto en cuestión por lo directo y crudo del ataque. Sin dudas, este "retorno de lo real" nos obligará a pensar muchas cosas de nuevo. Creo, por ejemplo, que la tecnología ya no nos parecerá tan poderosa como nos parecía hasta ese momento. Igual, es difícil saber bien hacia dónde nos llevará esto: todo es demasiado reciente y la experiencia requiere tiempo: ella misma está hecha con la materia del tiempo.