15 de marzo de 2008

El reflejo

Cuando murió Narciso las flores de los campos quedaron desoladas y solicitaron al río gotas de agua para llorarlo.
–¡Oh! –les respondió el río– aun cuando todas mis gotas de agua se convirtieran en lágrimas, no tendría suficientes para llorar yo mismo a Narciso: yo lo amaba.
–¡Oh! –prosiguieron las flores de los campos– ¿cómo no ibas a amar a Narciso? Era hermoso.
–¿Era hermoso? –preguntó el río.
–¿Y quién mejor que tú para saberlo? –dijeron las flores–. Todos los días se inclinaba sobre tu ribazo, contemplaba en tus aguas su belleza...
–Si yo lo amaba –respondió el río– es porque, cuando se inclinaba sobre mí, veía yo en sus ojos el reflejo de mis aguas.
Óscar Wilde

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3 comentarios:

Blogger Tuor ha dicho...

Buenísimo, nunca lo había leido. Wilde tiene cosas muy hermosas.
Apropósito de él, ayer estuve hablando con una amiga acerca de el Retrato de Dorian Grey, y le decía que aunqu eme había gustado mucho el libro es la primera vez que me pasa que detesto a todos los personajes.
Saludos

sábado, marzo 15, 2008 10:17:00 AM  
Blogger dr. jekyll y mr. hyde ha dicho...

Excelente escrito, para mi demuestra que cada cual ve lo que quiere ver en los demás.

sábado, marzo 15, 2008 11:24:00 AM  
Blogger Astrolabio-jsa ha dicho...

El gran logro de un texto (escritor) es producir más que ideas en el lector. Óscar Wilde siempre lo logra. Gusto en saludarte nuevamente, Tuor. Abrazo.

Exactamente, JyH. Wilde nos lo enseña con un texto muy sencillo. Abrazo.

domingo, marzo 16, 2008 8:27:00 AM  

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